domingo, 23 de noviembre de 2014

Antonio J. González-Ensayos


                                        



Pensar y asociar, una aventura humana



     Es conocido que en el proceso de pensar intervienen elementos de carácter social, cultural y biológico. Sin embargo, desde el punto de vista de quien piensa, el pensamiento aparece en el darse cuenta, en descubrir hendijas, luminosidades desconocidas hasta entonces. Es una revelación que sacude nuestra modorra existencial y nos genera, transforma, produce relaciones, asociaciones y nos induce a reflexionar en una determinada dirección, nueva, original.
No hay pensamiento inteligente si no hay capacidad de asociar. La asociación se verifica cuando observamos una casa, una silla o un árbol, o cualquier imagen que tiene la virtud de hacer visible lo invisible, los desafíos de la originalidad. Entonces aquellos objetos significan algo más que su representación de uso. Cuando se ve al mundo, se asocia. Lo que observamos es, en realidad, lo que se ha aprendido a reconocer y ese reconocimiento es una red de aprendizaje donde las asociaciones, los enlaces entre una información y otra, abren caminos inexplorados.

Las asociaciones automáticas generalmente no son conscientes, como cuando se observa un objeto, o se lee o escucha una palabra y se reconoce su significado. Pero hay asociaciones intencionalmente buscadas bajo procesos de evaluación y seleccionando los elementos asociativos que pueden tener estrecha relación con lo qué se busca entender o solucionar.

Pero también, y principalmente, existen asociaciones que resultan de mayor interés para la producción creativa. Es una de las armas secretas de los artistas, escritores, poetas, filósofos, pintores, científicos y todo aquel que busca al duende de la inspiración o el descubrimiento novedoso. También en estas asociaciones buscamos las respuestas a problemas en elementos que no parecen tener relación con lo que estamos tratando de hacer, entender o solucionar. El adecuado, profundo y selectivo uso de esta asociación es lo que marca la diferencia entre los grandes creadores y los que no lo son.

Los otros procesos de asociación son muy relevantes, además de necesarios, pero también son convencionales y ampliamente compartidos. Pero una extraordinaria capacidad de evaluar no hace a la gente creativa, porque sólo es una herramienta en el arte de imaginar mundos posibles. ¿Qué hacer con ello? Esa es la pregunta que cada uno debe responderse. No hay recetas fijas. Se contempla y se busca en lugares no comunes, permitiendo con ellos que las respuestas no sean conocidas. Buscar respuestas en donde no se han buscado, permitirá que aparezcan respuestas, a veces sorprendentemente nuevas.

La atención fluida significa abrir la conciencia a todo estímulo dándole la oportunidad de germinar en una idea. Es cuando una persona observa el mundo con los ojos bien abiertos; sensibles a cualquier estímulo, con capacidad de inventar-asociar símbolos, representaciones personales, en lugar de definiciones de objetos. Las cosas son lo que uno quiere o imagina que sean, no lo que dice el manual que son.

Cuenta una fábula que estaba un buen hombre buscando algo en un pequeño espacio de dos metros cuadrados. Buscaba con mucho ahínco. Pasó otro buen hombre que le preguntó: «¿Qué buscas con tanto esmero y dedicación?». El hombre que buscaba le dijo «Algo muy importante que he perdido». El otro hombre le dio palabras de aliento y se marchó. Consideró que no necesitaba más ayuda pues el espacio en donde buscaba el primer hombre era pequeño. Pasaron tres días y regresó el hombre por ese lugar, vio que todavía estaba el hombre que buscaba.

Extrañado le dijo: «Te veo muy débil, estás cansado, con hambre y sed, pero no cesas de tu empeño en buscar. ¿Es muy importante eso que buscas?» El primer hombre respondió que sí. Luego, el segundo hombre le dijo: «Me imagino que eso que buscas ha de ser pequeño pues el espacio en el que buscas es muy chico. Si el objeto fuera grande ya lo habrías encontrado». Sin embargo el primer hombre le dijo que no, que el objeto era más grande que la palma de su mano. «Entonces ha de ser transparente y muy delgado» se adelantó a decir el hombre que pasaba, pero el primer hombre le respondió: «No, es grueso como un ladrillo y brillante como un sol».

El segundo hombre no alcanzaba a entender cómo algo que le describía el primer hombre no lo pudiera ver. Se le ocurrió entonces que quizá el objeto se hubiese desplazado o rodado a un lugar más lejos y tratando de ayudar le dijo «Quizá lo que buscas ya no está aquí, quizá se ha movido a otro lado o quizá no lo perdiste aquí». «Así es, señor. El objeto que busco no lo perdí aquí, lo perdí a doscientos metros de aquí». Entonces, desesperado el segundo hombre le dijo: «¿Por qué lo buscas aquí?» y el primer hombre contestó: «Porque aquí hay más luz».

El primer hombre había aprendido a buscar sólo en un lugar que fuera seguro y con luz, así como nosotros, a veces, sólo buscamos en donde las cosas son lógicas, conocidas, sin sorpresas, cómodas al fin. Sin embargo, a veces se requiere buscar en otros lugares, asociar y pensar, para ver el otro lado de las cosas visibles. 


 
El incendio de papel: quema de libros




Se cumplieron 30 años de la gran fogata que iluminó el cielo mañanero en un baldío de Sarandí, cerca de la actual Autopista a La Plata. No eran fuegos inocentes los que sorprendieron a los vecinos. Se estaban quemando montañas de libros del Centro de Editor de América Latina. Fue el 30 de agosto de l980, en plena dictadura militar. La Cámara Argentina del Libro recuerda este triste episodio: «... un grupo de camiones volcadores procedió a descargar un contenido poco frecuente: un millón y medio de libros y fascículos publicados por el Centro Editor de América Latina, secuestrados por la Policía Federal de los depósitos de la editorial por orden del juez federal de La Plata, mayor retirado del Ejército De la Serna. Acto seguido las fuerzas policiales rociaron con nafta la pila y le prendieron fuego. Los libros amontonados ardieron durante horas antes de quedar reducidos a cenizas. Obras de grandes escritores del país y del mundo, colecciones de historia y de ciencias, libros de poesía y enciclopedias, en fin... gran parte del maravilloso fondo editorial del Centro Editor se hizo literalmente humo. Concluía así la persecución iniciada dos años antes, que incluyó el secuestro y prisión de empleados, amenazas, prohibiciones, clausuras; y se continuó, con un «juicio antisubversivo» contra el fundador y director del Centro, José Boris Spivacow, al que siguió el cierre de sus depósitos y el secuestro de sus ediciones. Esta gigantesca quema de libros es por su envergadura, un símbolo de lo que la última dictadura militar significó para la cultura argentina”.

No era la primera vez que las dictaduras y gobiernos de facto que soportamos durante muchas décadas, se ensañaban con los libros, los escritores y otras manifestaciones de las artes. ¿A qué le temían esos mandones que usurparon la representación política del país? Es fácil descubrirlo. A las verdades que encierran muchos libros. A las ideas de libertad y democracia que fluyen en muchas páginas. En suma, a la rebelión del pensamiento. La historia de nuestro país estuvo signada por la aventura represiva de eliminar la lectura de ciertos libros. Prohibirlos, encarcelar a sus autores, amenazarlos o, como sucedió a partir de 1976, agregarlos a la lista de víctimas de esta locura, de este doloroso crimen.

El grado de insensatez y esquizofrenia era tal en las filas antidemocráticas que hasta las bibliotecas privadas y públicas llegaba el grado de sospecha. Los allanamientos buscaban la evidencia más preciada: la bibliografía «subversiva» o equivalente, así como los libros de contenidos anarquistas, socialistas, peronistas, marxistas o antifascistas. Cualquiera otra idea o creencia puede ser la víctima futura. La locura y el cerrojo al pensamiento libre es una amenaza latente en la historia de la sociedad humana.


 
Iluminaciones sobre la creatividad



La definición de la creatividad permite diferentes puntos de mira. Por lo tanto es un tema que nos lleva por senderos cargados de contrastes, matices, abstracciones que hacen más apasionante intentar comprender qué cosa es esta condición de los humanos, como un modo de acercarse a conocernos en nuestras aptitudes y capacidades. Como otras definiciones que frecuentan las discusiones y polémicas de los intelectuales, científicos y artistas, el abordaje de este asunto admite, a modo de paradoja, la acción de la propia "creatividad" para encontrar las respuestas que buscamos. Tal como ocurre con otras manifestaciones de la vida de los humanos -de las cuales se han elaborado muchas respuestas o explicaciones, la mayoría de ellas válidas- en este caso también la interpretación exacta y definitiva del concepto de creatividad todavía no ha sido aceptada. Disponemos de aproximaciones, iluminaciones, que nos proponen poner en alerta nuestra investigación y nuestros íntimos descubrimientos.

Algunos investigadores consideran que la creatividad pertenece al campo del conocimiento científico. Sin embargo también se la ve integrando el perfil natural de cada persona, tal vez como un proceso evolutivo y experimental. Otra definición apunta a situarla entre las capacidades, en este caso acentuadas por la naturaleza o el aprendizaje, para la resolución de problemas o el encuentro con respuestas a determinadas interrogaciones.

Según la mirada epistemológica, la creatividad tendría un basamento fisiológico y, siguiendo algunas hipótesis científicas, estaría focalizada en el hemisferio derecho del cerebro. Se propone, además, que está relacionada con la comunicación entre los dos hemisferios. Sin embargo, no es considerada una invención o arte exclusivamente. En la experiencia inventiva o en el hacer artístico hay un gran componente creativo -especialmente en la obra artística- con diferentes graduaciones. Allí tiene una exteriorización fundamental, pero no se agota solamente en estos campos. Forma parte de los elementos que los seres humanos disponemos para todo uso. Aún en las pequeñas acciones diarias y domésticas se encuentran aportes creativos que muchas veces desestimamos o desvalorizamos y que integran este gran arsenal que es la condición creativa.

Creatividad y solución de problemas no son considerados sinónimos. La resolución de algunos problemas suele ser el producto de habilidades técnicas de cada persona. Existe un problema cuando advertimos una situación en la que intentamos alcanzar un objetivo y no disponemos de un modo o técnica conocida para alcanzarlo. En este caso no encontramos la solución en el inventario actual de comportamientos orgánicos. Entonces buscamos nuevas acciones o caminos que nos lleven hacia el objetivo.

La psicología y la educación avanzan siempre hacia el desarrollo de habilidades que nos guíen por el desarrollo cognoscitivo del ser humano. Por ese camino, constituye un acto creativo el solo descubrimiento de un problema original. Tomar conocimiento de este problema es poner en funcionamiento nuestras capacidades para integrar, ver y asociar realidades allí donde nadie las había advertido. Es el acto de darse cuenta, tomar conciencia de algo, e intervienen en él las actitudes corporales y expresivas y los componentes sociales y afectivos.

Desde algunas teorías se ve a la creatividad más allá del conocimiento, es decir, la integridad del ser humano y su trascendencia ante su realidad y no únicamente cogniscitivo. Es visto el hombre como transformador e inventor de espacios en medio del caos y el desorden.

Por lo tanto, para acercarnos a algunas definiciones podemos decir que es:

- la capacidad que tiene el ser humano de enfrentarse con un problema nuevo y encontrar la solución;

- registrar una necesidad expresiva y comunicarla;

-descubrir un nuevo aspecto de la vida humana y lograr transmitirlo;

-encontrar un novedoso enfoque de las relaciones interpersonales;

-descubrir algo en la relación del hombre con el cosmos y transformarlo en una obra de arte o en producto creativo.

Cada uno dispone de la libertad que da la misma creatividad para hallar nuevas iluminaciones a este tema apasionante para quienes solemos hacer de esta facultad una forma de nuestra vida.
 
Reflexiones para uno mismo



¿Cuál es la dicha? ¿Quién es capaz de definir exactamente la felicidad? Son metas que tienen mucho de abstracción, de sueño, de evanescente realidad. Está claro que cada uno persigue el mismo fin: una vida plena de satisfacciones y gratificaciones, el cumplimiento de sus más queridas aspiraciones humanas y el lento camino que nos llevaría hacia el monte feliz. Pero se trata de eso, justamente, ir buscándolo, porque cuando creemos que estamos cerca, ¡buff! Se desvanece.



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La peor guerra es contra uno mismo. Algunos la ganamos, otros la perdemos y en algunas ocasiones hay un empate. Cada uno de nosotros libra una sorda competencia con las fuerzas interiores y exteriores que nos gobiernan. El pensamiento y la voluntad se esfuerzan por dominarlas, armonizarlas, encaminarlas en una dura y silenciosa puja. A veces, cuando me miro al espejo encuentro un reflejo revelador.



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Estoy agradecido por estar vivo. Cada mañana abro los ojos y veo cuán linda es la luz del día. Ando y es bueno tener un puerto, un destino. Miro y descubro que todo no es lo mismo que ayer. Imagino historias, construyo sencillos edificios, tejo redes alrededor. Estoy agradecido por la posibilidad de hacerlo. Soy feliz al encarar minuto a minuto las marañas que me tienden el destino y los hombres, la realidad y sus circunstancias, como desafíos inéditos que me movilizan y agitan sin parar, como aguas de un manantial que no se detiene.



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Estamos atrapados por hábitos, rutinas y manías. Nos ponemos, cada día, una pesada coraza con nuestros límites y costumbres, cargamos la dura mochila sobre las espaldas, como si fuera parte del uniforme que hemos elegido para salir a la calle, saludar al vecino, correr el colectivo, transpirar, ejercer el oficio de vivir. Nuestra familia nos reprocha la falta de imaginación, la incapacidad para saltar el cerco, hacerle pito catalán a la rutina, olvidarse de los maniáticos gestos, y desactivar la habitualidad sin sabor ni color. Algún día, tal vez, es posible, puede ser, tengo ganas...



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Soy torpe, ya lo sé, puedo cometer las más claras transgresiones a las buenas costumbres o a las correctas relaciones interhumanas. Me manejo como un ser extraño, introspectivo, ajeno al bullicio y la blabladuría. Soy inhábil para tomar un café así porque sí, destornillar nuestras intimidades y ponerlas sobre la mesa, arreglar el mundo como un dios terrenal. Sé, corazón, que son áridas mis miradas, escasas mis sonrisas, ásperas mis palabras... que mi paciencia es frágil, se resquebraja al menor zumbido de la estupidez o la avaricia. Por eso, hoy vengo a pedirte perdón, por las dudas... Si te digo soy así, no es toda la verdad, pero lo soy...



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Escribí la palabra "perdón" y sonó como un campanazo grave en las paredes. Me miraste con los ojos bien abiertos, una "O" inmensa se abrió en tus labios, no entendías nada ni comprendías la dimensión de ese gesto... Sí, lo sé, no estás acostumbrado a que las personas pueden pedir disculpas por sus actos incorrectos, desacertados o agresivos. Pero trata de entenderme. Ayer mi nieto me acosó con miles de preguntas que debí responder sin mucha convicción. Le dije "no sé" a muchas de ellas, y comprendí cuán ignorante era... Me caí del pedestal.



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Estoy cómodo aquí abajo, en la sencillez de la vida mínima, en la pequeña y opaca manera de transcurrir que tiene el tiempo entre nosotros. No ambiciono más luces que las que pueden contemplar, cada mañana, mis ojos ni más oropeles que los que pueden brindarme las sonrisas o el guiño cómplice de mis amigos. No pretendo pedestales, mausoleos o títulos. Ando ausente de toda vidriera y no necesito distinciones o halagos. He dejado, hace tiempo, de confundir mis sueños con mis pretensiones, de perseguir el éxito por el deslumbrante brillo de las marquesinas. Sólo deseo, aquí abajo, contemplar y pensar, reflexionar y hacer, cargado de grises.



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A veces estallo como fuegos artificiales, como grandes explosiones galácticas que iluminan la noche. A veces salto y río, juego a ser general o capitán o superhombre. A veces me encuentro en todos los rincones, me multiplico y me miro en miles de espejos a la vez. A veces no tengo tiempo para distraer ni fuerzas para dilapidar. Me contengo, guardo las energías para los chisporroteos y guiños del sol. A veces imagino una pradera verde, un eucaliptus plateado y un lago azulado. A veces sueño en colores la vida, a veces...



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En este día sucederán las cosas más maravillosas que pueda imaginar. Florecerá el jazmín, tendrá descendencia la tortuga del jardín, el sol golpeará con fuerza en mi ventana, la computadora se tenderá a mis pies sin problemas y mis zapatos, por fin, no rezongarán al caminar. Tú pensarás que son hechos simples y que no tienen nada de maravilla. Pero debes pensar, por qué te digo que "para mí" es así y no pretendo que lo sea que para ti. Hoy me he puesto los anteojos de ver maravillas que me devuelve imágenes veraces, irreverentes, aún cuando este día me mire en el espejo.
 

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El septyimo cielo en los ojos n°60