miércoles, 18 de junio de 2014

Cuento bajo el sol :Nicanor Parra






FRAGMENTO DE GATO EN EL CAMINO
Parte Primera

Este era un gato. Una vez se extravió. Venía por un camino, cerca de unos cuantos bosques. Por los alrededores abundaban los prados. En el camino estaban abandonadas unas cucharitas de té revueltas con trompos. El gato venía por este camino. Un vecino lo encontró y lo llevó a su casa. Su hijo se lo pidió, pero él no se lo quiso dar. Envolvió al gato en unos papeles y fue a entregárselo al dueño.

Tome su gato.
- Muchas gracias. En seguida voy a venderlo.
- No lo venda.
- Tengo que venderlo. Discúlpeme. Páseme mi sombrero.

Salió hecho una tromba. Se llevó el gato al mercado. Lo llevaba envuelto negligentemente en unos papeles.

- Vendo esto.
Pasó el Intendente, pero no quiso comprarlo.
- ¿Quién compra un lindo felino?
- Yo quiero comprar uno para mi hijo que está enfermo del sarampión desde hace tres semanas, respondió el tabernero. A ver, muéstremelo.
- Aquí está el gatito.
- No puede ser. Yo no los compro así.

El dueño lo envolvió en unos papeles y se lo llevó a casa. Por el camino compró naranjas. Allá le dijo a su mujer: La gente no quiere comprarlo. Ahí lo tienes. Te lo regalo. Su mujer estaba sacando agua del pozo.

- Déjalo en la despensa, contestó ella.
Por la tarde vino un niñito a ver si se interesaba por el gato, pero éste le arañó la cabeza. Cuando llegó a casa su padre le dio de palos porque era un hijo testarudo.
Cinco días después el gato se extravió por unos caminos. En los recodos brillaban unas cucharitas de té revueltas con trompos. De los montones de piedras embarradas asomaban cogollos de trébol.
El hombre del lado lo encontró y pensó: se lo llevaré a mi hijo. Pero su mujer lo increpó: ¿te vas a quedar con el gato? Por eso el hombre se fue donde su vecino y le dijo:

- Tome su gato.
- Muchas gracias.

La mujer del dueño estaba haciendo pan.

- Anda mañana al pueblo a vender este gato.
Mientras procuraba envolverlo, el gato se echaba hacia atrás. Varias veces se le cayó y, por lo demás, una vez le dio un pisotón. El gato gritó en forma desmedida. Al último el dueño no lo quiso recoger. Tenía jaqueca.
- Recoge ese gato, le dijo su mujer.

Pero él desobedeció. Además era flojo y mal marido. El fogonero lo pilló y se lo pasó.

- Gracias.

El gato estuvo a punto de arañar al fogonero. Mas, como era tolerante, se retuvo.

- Vendo este gato. A intervalos se comía un pepino.

Pasó el Intendente. Pero se hizo que iba apurado. El dueño sintió despecho. Más tarde pasó el tabernero. Miró hacia un lado y sacó el reloj para ver la hora. Después se echó las manos a los bolsillos y aligeró el paso.
Entonces el dueño dejó el gato sobre una pequeña mesa y se fue para la casa. Cada dos cuadras se encontraba un diez.
Un niñito que iba a comprar calugas lo desenvolvió con toda clase de cuidados para después hacerle cariño. Pero el gato lo arañó. El herido pensó vengarse. Al rato lo había olvidado.
Después pasó un perro lanudo lleno de trunes. Olfateó al gato y en seguida se fue. En la esquina dobló para la plaza.
A los pocos días el gato se extravió por unos bosques. Empezaban a caer los primeros granizos. Más allá del puente había un molino. Los torrentes trizaban los amaneceres.

Parte Segunda

Anda que te anda el gato llegó a Nicaragua. Como el camino estaba embarrado llevaba las patitas muy sucias. También las llevaba mojadas. A veces una chicharra se le paraba en los mostachos. Pero después se iba. Por el camino tuvo que atravesar varias charcas. Cuando llegó a Francia iba con mucho frío porque había hecho la caminata en pleno Invierno. De vez en cuando se detenía a lamerse el pelaje. Perdida en los bosques encontró una posada alumbrada por media docena de faroles. En el jardín los chiquillos hacían unas pocas barbaridades. La señora lo vio por la ventana y en un principio no le hizo caso. Después salió cautelosamente y lo sorprendió pisando sobre unos guijarros. Miró para todos lados para cerciorarse que nadie la miraba y se guardó el gato.
Se lo mandaré a mis tías, pensó para sus adentros. Algunas horas más tarde les escribió un telegrama diciéndoles: va gato. Saludos.


Chile

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El septyimo cielo en los ojos n°60